Pinocho: El cuento de hadas más amado, cobra vida

Emiliano Caballero, 12 de marzo 2021, Monterrey N.L.- El director Matteo Garrone indaga en los aspectos grotescos y sentimentales de la historia original de Collodi escrita en 1883 como ninguna otra adaptación lo había hecho hasta ahora. Hay algo enriquecedor y curioso de esta nueva adaptación italiana, estrenada en 2019, que recién llegará a los cines de América en 2021. En primer lugar está el hecho de que la fuente original de la adaptación sea el cuento original por Carlo Collodi y no la versión de Disney, como todos habían hecho hasta ahora.

Esta adaptación combina sentimentalismo con lo grotesco de una forma espectacular. Tiene un asombroso diseño de producción junto con una bella fotografía que vuelve de cada cuadro una obra de arte.

De momentos no se sabe si lo que se está viendo es una fantasía estilo Alicia En El País De Las Maravillas o una cinta de terror de David Cronenberg. Tampoco si es para adultos o para niños, tanto por la estética sombría (de la cual hablaremos en un momento) como por la ausencia de infantilismos como la música o la inocencia, la única excepción siendo la inocencia intrínseca que caracteriza al personaje principal de Pinocho.

Walt Disney, por ejemplo, nunca permitió que Pinocho fuera colgado brutalmente a un árbol con la soga al cuello por dos vagabundos criminales que querían robarle, mucho menos matarle.

Pero uno de los aspectos más interesantes de este drama, es que Pinocho, la marioneta mágica que anhela ser un “niño de verdad” adquiere su humanidad tras haber sido engañado y explotado por otros, no fue sino tras haber sufrido de verdad y haber aprendido el sentido de la responsabilidad y la dedicación que adquiere su renacer de sangre y hueso.

Geppetto, interpretado por el exuberante y talentoso Roberto Benigni, actor mejor conocido por su obra maestra “La Vida Es Bella” (1997). Cinta que fue galardonada con más de 50 premios internacionales, entre los que se incluyen tres Premios Óscar, el Gran Premio del Festival de Cannes, el Premio César a la mejor película extranjera y el Premio Goya a la mejor película europea.

Benigni ya había dirigido su propia adaptación de Pinocho en 2002, una cinta de poco reconocimiento y malas críticas, interpretada por él mismo. Ahora, abordando el cuento como un Geppetto viejo y triste, Benigni está mejor dirigido y controlado, hay algo conmovedor sobre su personificación cómica siendo reprimida que provoca una sensación como la de alguien que sigue luchando cuando ya ha perdido.

A fin de cuentas Pinocho se convierte en su última salvación y esperanza, y es justo por eso que termina en el estómago de la ballena cuando éste se le escapa.

Hay mucho en esta adaptación que recuerda a “Freaks” (1932) de Tod Browning, un poco de Frankenstein, Alicia En El País De Las Maravillas y algunas referencias bíblicas incluso.

Hay algunos aspectos de las fallas humanas que contribuyen a que Pinocho se convierta en humano, una siendo la capacidad para mentir y cómo esta se normaliza al crecer. Por ejemplo, cuando Pinocho miente por primera vez ante el Hada Azul, su nariz crece como en el cuento, pero cuando lo están enjuiciando ante el juez Gorila, su nariz no crece al mentir, y al contrario, fue justo el haber mentido lo que salva su condena.

Como comentario aparte e innecesario, el rostro de Pinocho es un poco incómodo de ver en un principio, un poco “uncanny valley”, aunque conforme te sumerges en la historia te deja de importar.

A final de cuentas, Pinocho es una parábola de la paternidad.

A pesar de no ser un padre yo mismo, se entiende que tener un hijo puede ser extraño para muchos, ver la forma en la que emana de la nada este ser que nos cuesta comprender que también es un ser humano como nosotros, que llega al mundo con sus propios pensamientos y sentimientos separados a los nuestros, y quien también desea ser “un niño de verdad”.

Próximamente Disney estará lanzando su propia versión dirigida por Robert Zemeckis, protagonizada por Tom Hanks.

Y si no fuera poco, Guillermo “huelo a hotcakes” Del Toro también está haciendo su propia versión para Netflix.

Habrá que ver qué será de tanta adaptación de la misma obra y esperar que la impecable versión italiana de Matteo Garrone no quede en el olvido cómo una simple “versión oscura” del clásico cuento.

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