Honey boy: Heredar la violencia y autodestrucción/cine

Adriana Vázquez Velázquez

En los primeros días de febrero llegó a HBO Honey Boy (2019) una película dirigida por Alma Har’el, directora israelí-estadounidense de cine y videos musicales. El guión del proyecto fue escrito y, posteriormente, protagonizado por Shia LaBeouf.

En un ejercicio de introspección LaBeouf relata la caótica niñez que enfrentó. Otis (Noah Jupe), un actor infantil de 12 años, queda bajo el cuidado de James (Shia LaBeouf), su padre, un hombre violento, alcohólico y adicto a las drogas. Esta relación tormentosa se desarrolla durante diez años, desembocando con un Otis adulto (Lucas Hedges) que comienza a afrontar sus propias adicciones y episodios de ira al ser internado en un centro de rehabilitación.

El trabajo en conjunto de Har’el y LaBeouf destaca no por lo autobiográfico, sino por la universalidad del tema, es decir, una reflexión acerca de cómo la violencia y la autodestrucción se hereda de una generación a otra.

Mediante el uso de flashbacks y escenas oníricas plantea los eventos que van cimentando el carácter agresivo de Otis al ser insultado, golpeado y abandonado por su padre. Situaciones traumáticas que ha decidido reprimir o usar como una herramienta actoral al emplear la única enseñanza que considera le dejó su padre: el dolor. 

Los diálogos son primordialmente los elementos que permiten notar cómo la violencia ha sido una constante en el ámbito familiar de Otis, ya que su «legado» proviene de personas «que sufrían sin saber qué hacer, y, bebieron mucho». 

La cinta resulta conmovedora al mostramos no sólo el dolor a causa del rencor, sino por plantear en el espectador la idea de aprender no sólo a identificarse como víctima, sino también como victimario, para, al igual que Otis, emprender un camino de sanación y perdón que permita romper con  conductas violentas y autodestructivas. Un desafío que no resulta sencillo pues “una semilla debe destruirse para convertirse en flor. ”



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