Día de película en casa Maten al mensajero

maten al mensajero

La película “Kill the messenger” (Maten al mensajero), del director Michael Cuesta (2014), está basada en un hecho de la vida real, acerca de Gary Webb reportero de un discreto periódico californiano, quien descubre una red de corrupción entre la CIA, cárteles de droga, y banqueros para financiar la guerrilla centroamericana durante la década de los años 90. En aquel caso, lo grave no paró ahí, sino en que el mismo gobierno se convirtió en promotor de la droga, impactando en sectores vulnerables como los ghettos de la comunidad afroamericana. La magnitud del escándalo fue aparatosa, pero el gobierno supo distraer la atención del pueblo haciendo pasar al reportero como embustero al ir desapareciendo toda evidencia, además de darle mayor importancia mediática a otros notas. No, no les he contado la película aún, porque las relaciones que se van dando entre los involucrados y los matices de éstas vale la pena verlas. Pero luego surgen las odiosas comparaciones y cuestionamientos: Si esto sucedió en EU, un país poderoso que hace respetar la ley, ¿Qué será de México? ¿Hasta dónde estará involucrado el crimen organizado y el narcotráfico? La disputa entre cárteles, los miles de ejecutados, de desaparecidos, la guerra a campo abierto en planas ciudades como está pasando en Reynosa, son apenas “la punta del iceberg” de verdades que, como dicen en la película” “mas vale que no sean contadas”. Con todo, la democracia se convierte en una estúpida utopía, pues ni es el pueblo quien elige su gobierno a través del voto, ni es el gobierno quien trabaja para el pueblo, todo se convierte en una farsa donde los verdaderos grupos de poder son lo que ostentan el control del país. Como ese reportero protagónico de la película y vida real, es como “ponerse con Sansón a las patadas”, en una pugna que rebasa toda capacidad de comprensión, y peor aún, toda posibilidad de solución. Con todo, triste es que ni siquiera exista una conciencia social masiva que por lo menos señale y exija se reestablezca el orden, que por lo menos no afecte a la población civil ni al deterioro del país. Pero el gobierno, a través de sus aparatos de estado, de represión y distracción, sigue siendo tan hábil que podemos nadar en sangre o ver los actos de corrupción como la luz del sol al mediodía, sin darle mayor importancia…

 Escrito por : Carlos G. Castillo Alvarado, baterista amateur, egresado de la licenciatura en Pedagogía, y de las maestrías en enseñanza de las Ciencias Sociales, y de Lengua y Literatura, de la Facultad de Filosofía y Letras (UANL). Colabora con cuentos y otros escritos en la revista Reforma Siglo XXI de la Preparatoria No. 3 (UANL).

Añadir un comentario